pintura: Graciela Rodó Boulanger
domingo, 28 de noviembre de 2010
Orquesta
pintura: Graciela Rodó Boulanger
domingo, 21 de noviembre de 2010
MIS PREGUNTAS, MI ABUELO Y MI MUERTE
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Había cumplido yo losocho años, y como es natural a esa edad, todo es un paño de Juicio. Recuerdo calramente que mi abuelo materno, encontrábase respondiendo con pulcritud un juego de Puzle.
-Papá Mario (interumpí)...Dios existe?
Él alzó su vista del papel y la dirigió hacia mi, sabiendo de la importancia de tal pregunta y como advinando que en camino venía otra similar me respondió:
-Cuando me ganes al ajedrez, te digo la verdad.
Tal respuesta no hizo otra cosa que acrecentar mis dudas, darme una sensación de curiosidad vacía y ponerme a la tarea de jugar ajedrez, total era eso lo que yo buscaba, ¡verdad!, en mi inocencia me decía para darme ánimos: la verdad! él tiene la verdad! y me la va a decir!
Este juego comenzó complicándome la vida, pero mi fin de conocer la verdadera respuesta, era mucho más firme. Hasta entonces yo solo sabía de Dios que perdonaba los pecados, era el jefe de los ángeles guardianes, y te enviaba a un horno de fuego si te portabas mal. Curioso, primero te hacía cariño para luego darte bofetadas.
Habían transcurrido dos o tres meses de mi preparación en el arte del ajedrez, mi técnica secreta en este duelo consistía en (protege y avanza). Nos sentamos frente al tablero, yo hice el sorteo de color y me correspondió el blanco, ¡que bueno!, me dije, pues con este color había hecho mis prácticas. Avancé un peón, luego un caballo, otro peón y otro más, luego un alfil, pero para cuando me di cuenta...me dieron jaque mate. No gané un juego de tres, me temblaron las rodillas, y mis ojos se humedecieron, mi verdad, aquella verdad que buscaba, se estaba esfumando. Agaché mi vista derrotado...pero luego un abrazo tibio me rodeó, y una voz cálida y tranquilizadora me susurró "te quiero, te quiero mucho". Mi abuelo me limpió las lágrimas y mirándome a los ojos me preguntó.
-Qué querías saber?
Mi corazón se alegró porque no había perdido, y lo invadí con mis curiosidades:
-Dios existe?
-Si
-y sus papás quienes son?
-Nadie lo sabe
-Y quien es nadie?
-No, me refiero a que nadie conoce a sus papás
-Ah, ya, y cómo nació?
-Cómo, no se, pero nació allá en el cielo...
Así transcurrió nuestra conversación. Hasta aquel momento mi curiosidad era mucho más poderosa que algunas respuestas, pero pronto todo tendría un rumbo distinto, y eso fue debido a la pregunta exacta...
- y quién ha visto a Dios?
-Sólo los que mueren!
Aquella respuesta sonó con eco en mi mente. "Sólo los que mueren", pues claro, todo era lógico. Para que Dios te castigue enviándote al horno de fuego, tenías que morir, y a ese horno solo se iban los que se habían portado mal, pero muy mal. Y bueno, sobrepesé los pro y los contra, muy malo al horno, más o menos bueno, al cielo, y yo...bueno, yo había puesto un chicle en el pelo de alguien, había robado algunos dulces en uno que otro cumpleaños y había dicho uno que otro garabato en contra de mis padres...no era tan malo.
Así que tenía que morirme, pero no muerto muerto, solo morir un ratito, es decir morirme, conocer a Dios y luego despertarme. Mi plan estaba resuelto, creía que en realidad era un plan perfecto, pero por si aparecía algún detalle, dilaté el plan unos días.
En aquella época, para mi no era un suicidio -ni si quiera conocía el término- para mi era la búsqueda de una palabra, "Dios", y por ende, la formación de mi propio carácter "terminar lo iniciado".
Al fin llegó el día de mi muerte no muerte. Esperé que mi abuelo estuviera en su casa y fui a visitarlo, tenía que ser allí, pues él sabía mucho de Dios, y si mis planes fallaban el podría decirle a éste que me devuelva y tema resuelto.
En casa de mi abuelo había un árbol de paltas, y yo me encaramaba para sacar las paltas de la copa. Ahí me subiría y luego fingiría un resbalón, caería y mi ángel guardián quitaría las ramas de mi camino, para que no me rasmillen, caería al piso, moriría, conocería a Dios, vería si tiene barba blanca y una gran capa, luego despertaría y todo listo. Cuando estuve a una altura más o menos lejos del piso, grité a mi abuelo: "¡Papá Mario!" Noté que me miró y me lancé al vacío. En mi caída algunas dudas saltaron a mi mente: ¿y si era mujer? ¿los muertos sentirán dolor?...y estas dudas hacían que mis manos buscaran de donde aferrarse, pero ya era tarde, me azoté contra el piso de grama y hojas.Lo único que alcancé a ver fueron puntitos brillantes y un rostro...el de mi abuelo.
Mis respuestas se connvirtieron en un yeso en el pie derecho y otro en mi brazo y mano izquierda. Mi Ángel de la Guarda al parecer estuvo distraído aquel día. ¿Y de Dios?, bueno, éd debe haber estado contento por haberme enviado aquellas dudas. Quizás debió estar sonriendo por sus bromas.
Seis años más tarde, gané al ajedrez a mi amado Papá Mario, y después escuché la canción de Atahualpa Yupanqui que recita así:
Había cumplido yo losocho años, y como es natural a esa edad, todo es un paño de Juicio. Recuerdo calramente que mi abuelo materno, encontrábase respondiendo con pulcritud un juego de Puzle.
-Papá Mario (interumpí)...Dios existe?
Él alzó su vista del papel y la dirigió hacia mi, sabiendo de la importancia de tal pregunta y como advinando que en camino venía otra similar me respondió:
-Cuando me ganes al ajedrez, te digo la verdad.
Tal respuesta no hizo otra cosa que acrecentar mis dudas, darme una sensación de curiosidad vacía y ponerme a la tarea de jugar ajedrez, total era eso lo que yo buscaba, ¡verdad!, en mi inocencia me decía para darme ánimos: la verdad! él tiene la verdad! y me la va a decir!
Este juego comenzó complicándome la vida, pero mi fin de conocer la verdadera respuesta, era mucho más firme. Hasta entonces yo solo sabía de Dios que perdonaba los pecados, era el jefe de los ángeles guardianes, y te enviaba a un horno de fuego si te portabas mal. Curioso, primero te hacía cariño para luego darte bofetadas.
Habían transcurrido dos o tres meses de mi preparación en el arte del ajedrez, mi técnica secreta en este duelo consistía en (protege y avanza). Nos sentamos frente al tablero, yo hice el sorteo de color y me correspondió el blanco, ¡que bueno!, me dije, pues con este color había hecho mis prácticas. Avancé un peón, luego un caballo, otro peón y otro más, luego un alfil, pero para cuando me di cuenta...me dieron jaque mate. No gané un juego de tres, me temblaron las rodillas, y mis ojos se humedecieron, mi verdad, aquella verdad que buscaba, se estaba esfumando. Agaché mi vista derrotado...pero luego un abrazo tibio me rodeó, y una voz cálida y tranquilizadora me susurró "te quiero, te quiero mucho". Mi abuelo me limpió las lágrimas y mirándome a los ojos me preguntó.
-Qué querías saber?
Mi corazón se alegró porque no había perdido, y lo invadí con mis curiosidades:
-Dios existe?
-Si
-y sus papás quienes son?
-Nadie lo sabe
-Y quien es nadie?
-No, me refiero a que nadie conoce a sus papás
-Ah, ya, y cómo nació?
-Cómo, no se, pero nació allá en el cielo...
Así transcurrió nuestra conversación. Hasta aquel momento mi curiosidad era mucho más poderosa que algunas respuestas, pero pronto todo tendría un rumbo distinto, y eso fue debido a la pregunta exacta...
- y quién ha visto a Dios?
-Sólo los que mueren!
Aquella respuesta sonó con eco en mi mente. "Sólo los que mueren", pues claro, todo era lógico. Para que Dios te castigue enviándote al horno de fuego, tenías que morir, y a ese horno solo se iban los que se habían portado mal, pero muy mal. Y bueno, sobrepesé los pro y los contra, muy malo al horno, más o menos bueno, al cielo, y yo...bueno, yo había puesto un chicle en el pelo de alguien, había robado algunos dulces en uno que otro cumpleaños y había dicho uno que otro garabato en contra de mis padres...no era tan malo.
Así que tenía que morirme, pero no muerto muerto, solo morir un ratito, es decir morirme, conocer a Dios y luego despertarme. Mi plan estaba resuelto, creía que en realidad era un plan perfecto, pero por si aparecía algún detalle, dilaté el plan unos días.
En aquella época, para mi no era un suicidio -ni si quiera conocía el término- para mi era la búsqueda de una palabra, "Dios", y por ende, la formación de mi propio carácter "terminar lo iniciado".
Al fin llegó el día de mi muerte no muerte. Esperé que mi abuelo estuviera en su casa y fui a visitarlo, tenía que ser allí, pues él sabía mucho de Dios, y si mis planes fallaban el podría decirle a éste que me devuelva y tema resuelto.
En casa de mi abuelo había un árbol de paltas, y yo me encaramaba para sacar las paltas de la copa. Ahí me subiría y luego fingiría un resbalón, caería y mi ángel guardián quitaría las ramas de mi camino, para que no me rasmillen, caería al piso, moriría, conocería a Dios, vería si tiene barba blanca y una gran capa, luego despertaría y todo listo. Cuando estuve a una altura más o menos lejos del piso, grité a mi abuelo: "¡Papá Mario!" Noté que me miró y me lancé al vacío. En mi caída algunas dudas saltaron a mi mente: ¿y si era mujer? ¿los muertos sentirán dolor?...y estas dudas hacían que mis manos buscaran de donde aferrarse, pero ya era tarde, me azoté contra el piso de grama y hojas.Lo único que alcancé a ver fueron puntitos brillantes y un rostro...el de mi abuelo.
Mis respuestas se connvirtieron en un yeso en el pie derecho y otro en mi brazo y mano izquierda. Mi Ángel de la Guarda al parecer estuvo distraído aquel día. ¿Y de Dios?, bueno, éd debe haber estado contento por haberme enviado aquellas dudas. Quizás debió estar sonriendo por sus bromas.
Seis años más tarde, gané al ajedrez a mi amado Papá Mario, y después escuché la canción de Atahualpa Yupanqui que recita así:
"Hay una cosa en el mundo, más importante que Dios
y es que nadie escupa sangre, pa´que otro viva mejor"
Esa es una verdad bien verdadera.
Mario Pedraza
sábado, 20 de noviembre de 2010
Infancia
pintura :Winslow Homer
Tantos recuerdos, quisiera como en un cuento revivir aquellas tardes de invierno, no importa el barro, el frío se quita jugando, chutiando y como niños... soñando.
Estábamos en un estadio, la tierra se transformaba en pasto, y las piedras del paisaje eran nuestros arcos.
Si caíamos no importaba, el pantalón del colegio mi mamá me lo parchaba. Yo era un jugador y solo eso importaba.
El balón muchas veces fue nuestro propio corazón. Ahora todo ha cambiado, algunos estamos, otros ya se han marchado.
Solo queda el recuerdo de tantas pichangas y tantos goles que con mis amigos celebramos
José Luis Marambio
Tantos recuerdos, quisiera como en un cuento revivir aquellas tardes de invierno, no importa el barro, el frío se quita jugando, chutiando y como niños... soñando.
Estábamos en un estadio, la tierra se transformaba en pasto, y las piedras del paisaje eran nuestros arcos.
Si caíamos no importaba, el pantalón del colegio mi mamá me lo parchaba. Yo era un jugador y solo eso importaba.
El balón muchas veces fue nuestro propio corazón. Ahora todo ha cambiado, algunos estamos, otros ya se han marchado.
Solo queda el recuerdo de tantas pichangas y tantos goles que con mis amigos celebramos
José Luis Marambio
El Naranjo
como adornando el campo de invierno
brota su fruto dulce y anaranjado
habrá pasado
días escuchando
el canto de lo spajaritos anidando.
Quiero imaginar el sonido
del agua del canal corriendo por una acequia
cruzando siembras y pastizales
hasta llegar a los pies de los frutales
y a los matorrales donde anida el zorzal
Su fruto también tuvo que volar, dejar
el amado campo y emprender el viaje.
Hoy está aquí y no la quiero pelar
solo pienso en el destino
que nos trajo al mismo lugar.
José Luis Marambio
pintura:Nancy Paris Pruden
pintura:Nancy Paris Pruden
viernes, 19 de noviembre de 2010
Casa de Herrero, Cuchillo de Palo
Voy a relatar una historia de un amigo en el campo. Resulta que una de las tantas veces yo bajaba del cerro en donde me encontraba cuidando una maná de caballos. Bajaba al pueblo a comprar mercadería para la intancia en el cerro, para poder ver el parimiento de las yeguas a las cuales había que estar atento para que no las fueran a pescar a patadas a sus críos, como eran animales de cerro eran todos brutos. Después de seis meses bajaba la maná que eran treinta animales, los cuales bajaban hacia el plano donde estaban los corrales y ahí los encerraban para diferentes trabajos. Yo los enseñaban para el arao, para el carretón, la montura, para la máquina, para cortar ladrillo y para la ciudad, o sea, yo tengo todo el conocimiento en cuanto a los animales de cerro, tanto de caballaresPero volviendo a la historia de mi amigo, a todo esto me lo encontré justo en una quebrada de un cerro, por allá en Puerto Montt hacia la Argentina, y resulta que él también tenía animales en el cerro y nos pusimos de acuerdo para ir a verlos. El me había dicho que esos animales se los había dejado su padre de herencia. Llegó el día y vi una mancha impresionante que para mi ver eran como doscientos animales y necesitaban de todo. Les faltaba talaje, vacunas y varios críos con falta de todo. Así fue que le pregunté ¿y qué haces para poder desparasitarlos? y me dijo no se no tengo idea, porque nunca tuve contacto con mi padre, yo era hijo único y todos estos animales son herencia de mi padre, así que ayúdame tú me dijo, y así fue y yo llevé mis caballares para el otro lado del cerro y me puse a separar las crías. Los más viejitos se fueron para la cecina, y los más jóvenes para la carnicería y el resto a la feria de animales. A las finales quedamos como con sesenta, y le enseñé la crianza y el mantenimiento de los brutitos, porque el único que había entendido de animales era el finado padre.
A todo esto: casa de herrero, cuchillo de palo.
Gracias por poner atención a mi historia
José Espinoza Galves
Una Sonrisa
Leonardo Da Vinci
No cuesta nada, pero ayuda a crear mucho
Enriquece a los que la reciben, sin empobrecer a los que la dan
Ocurre en un momento, pero su recuerdo dura eternamente
Nadie es tan rico que pueda vivir sin ella
Crea felicidad, alegría y armonía
Crea amor.
César Osores
martes, 16 de noviembre de 2010
Los Caminos de la Vida (2)
J.Beaudet
"Los caminos de la vida no son lo que yo esperaba, no son lo que yo creía, no son lo que imaginaba.".¡cuándo!....ni en mis sueños más locos o en mis alucinaciones más fantasiosas, podría haberme imaginado que recorrería año tras año tras año tras año ese camino cavernoso pintado de verde cargando un bolso, y que en un día como hoy que es mi cumpleaños, detrás de la puerta de fierro, me iba a encontrar con un tremendo ramo con 25 rosas rojas, una torta de piña con una velita encendida, y con el canto de mis alumnos cautivos.... los caminos de la vida....
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