domingo, 4 de noviembre de 2012

Consciencia


No hay como dormir con la consciencia tranquila, digo en clases.
"Yo siempre duermo tranquilo", interviene Carlos sin que nadie le pregunte.
¿Nunca sintió que había hecho algo malo? ¿No ha tenido remordimientos?
"No señorita, nunca!".
Me intriga cómo un hombre como él, que no da la impresión de ser un tipo a moral, es capaz de hacer tamaña declaración. Le admiro la honestidad, pero me asusta su afirmación. ¿Qué hace posible que un hombre que ha delinquido reiteradamente, nunca haya sentido culpa...? Tiendo a pensar, que las personas tenemos un repertorio innato, y que en algún grado sabemos desde chicos, lo que está bien y lo que está mal, o que, al menos, nos avergonzamos o nos dolemos del daño que causamos. Pero para esto hay que tener consciencia de estar causando un daño, o de haberlo causado, o de estar a punto de causarlo. Que después se deseche el pensamiento, es otra cosa, pero un delincuente que al menos ha vislumbrado la culpa, tiene algún parentesco valórico con quienes, por lo menos en el en el orden legal, no hemos tansgredido la norma. Pero Carlos es cuento aparte. Fue choro de cartel, lo que significa que para obtener la fama, tuvo que vivir de acuerdo a determinadas leyes del hampa, y lo mismo para mantenerla. No hay que confundirse; el mundo del hampa no es anárquico, todo lo contrario, es extremadamente jerárquico, y está lleno de códigos de conducta y de normas morales. La lealtad es exigida en su máxima expresión, y cobrada a sangre cuando no ejercida. La delación, por ejemplo, es un acto que puede costar la vida. Lo mismo, enamorar a una mujer cuyo marido está en prisión. Pero, dado que Carlos duerme tranquilo, es de suponer que para él aplica el dicho "quien nada hace, nada teme". De que "ha hecho", que duda cabe, por algo está haciendo años en la Cárcel de Alta Seguridad, pero en su particular código de conducta, él se ha portado como un caballero. Duerme tranquilo y no tiene remordimientos, porque  no siente ninguna empatía con las víctimas de sus delitos. Ni remordimiento, ni odio, ni rencor, ni vergüenza...tampoco deseos de venganza o de ajustar cuentas.. La víctima como un "otro", no existe. Y cuando en clases menciono (de cuando en cuando) el sufrimiento  causan los delitos, él no puede estar más de acuerdo, solo que las víctimas en su particular concepción del mundo, son sus familiares. Eso si que si, y le duele mucho. Pero más allá de su núcleo cercano, pareciera que nadie sufre. El radar emocional, alcanza solo para la familia y los miembros de la tribu.
¿Cómo es posible este estado de indiferencia, de auto indulgencia?,  Sucede que Carlos no ha tenido vivencias que lo liguen al mundo "de los buenos". Durante su vida en libertad, no hubo más mundo que el de su hogar disfuncional en la población, y el de las cárceles de menores. En cuanto pudo sostener un arma, se convirtió en "soldado" de la batalla sin tregua que libran las pandillas por el control del narco tráfico. Nunca conoció ni alternó con personas corrientes que viven de un sueldo, no puede imaginarse la realidad de los "giles" o los "longil",  que es como nos llamamos en Coa, los que andamos "en la legal". Para él somos de otra especie, de la especie que tiene todo, y no tiene porqué sufrir. No comprende que el ser que tiene enfrente, puede tener ilusiones que el destruye. El puente entre su realidad y la de los otros, está cortado, y en el medio hay un abismo, que se traga a moros y a cristianos.

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