sábado, 11 de julio de 2009

La Manzana



Manuel deja todos los lunes una manzana en el pupitre de la profe.
Es una manzana grande y resplandeciente como un planeta, probablemente abrillantada contra la manga de la chaqueta. Preciosa, nos vuelve al colegio, o inventa uno para quienes, como Manuel, nunca pisaron un aula. En el auto, camino ya a mi casa, a punto de hincarle el diente, paro en una luz roja y veo a un niño chiquitito, haciendo malabares con tres pelotas de tenis. Su cabecita apenas aparece por arriba del capo de los autos. Le hago señas, y llega corriendo a mi ventana…le falta un choclero, como será de chico! …le paso la manzana… me mira con una sonrisa de oreja a oreja, la tira al cielo… y alcanzo a ver como vuelan por el aire, una pelota, una manzana, otra pelota, una manzana, una pelota… una pelota…un sueño...otra manzana…una pena…una pelota…una manzana…una pregunta…una pelota…

Guaripola chiquitito, estará mordisqueando la manzana de Manuel -otro niño de la calle- que hace 29 años es un hombre entre rejas.
Me voy pensando en ellos dos…y con dolor me acuerdo de esta canción de
Piazzolla y Ferrer

Pintura, Barry Yang



Por las noches, cara sucia
de angelito con bluyín,
vende rosas por las mesas
del boliche de Bachín.

Si la luna brilla
sobre la parrilla,
come luna y pan de hollín.

Cada día en su tristeza
que no quiere amanecer,
lo madruga un seis de enero
con la estrella del revés,
y tres reyes gatos
roban sus zapatos,
uno izquierdo y el otro ¡también!

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín.

Cuando el sol pone a los pibes
delantales de aprender,
él aprende cuánto cero
le quedaba por saber.
Y a su madre mira,
yira que te yira,
pero no la quiere ver.

Cada aurora, en la basura,
con un pan y un tallarín,
se fabrica un barrilete
para irse ¡y sigue aquí!
Es un hombre extraño,
niño de mil años,
que por dentro le enreda el piolín.

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín.

Por las noches, cara sucia
de angelito con bluyín,
vende rosas por las mesas
del boliche de Bachín.

Si la luna brilla
sobre la parrilla,
come luna y pan de hollín.

Cada día en su tristeza
que no quiere amanecer,
lo madruga un seis de enero
con la estrella del revés,
y tres reyes gatos
roban sus zapatos,
uno izquierdo y el otro ¡también!

Chiquilín,
dame un ramo de voz,
así salgo a vender
mis vergüenzas en flor.
Baleáme con tres rosas
que duelan a cuenta
del hambre que no te entendí,
Chiquilín.


1 comentario:

  1. Esto es lo más hermoso y diáfano que he leído y escuchado en muchos muchos años. Durante tres minutos o algo así me ha hecho demasiado feliz. Me voy a hacer una promesa, que espero poder cumplir: darle de ahora en adelante una moneda de quinientos (¿como para unas dos o tres manzanas?) a cada niño malabarista que me tope en los semáforos por ahí.

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