sábado, 26 de abril de 2008

ENAMORADOS DESDE LA CARCEL

¿Quienes están presos?…
Se supone que están presos los malos y que afuera andan circulando los buenos.
Es cierto en parte, porque algunos de los que están afuera deberían estar adentro, y de los que están adentro, hay varios que deberían estar afuera, pero en general, quienes están en la cárcel hicieron algo malo.
Aquí viene una distinción: hacer algo malo (penado por la ley) es grave y la comunidad sanciona, pero “hacer” algo malo no es lo mismo que “ser” malo. De eso estoy convencida.

Cuando supe de la invitación a “enamorarse de dar” que están haciendo tantos amigos, me quedé pensando en la maravilla que es andar enamorado. Ser generoso y enamorarse del propio lado bueno, enamorarse del género humano, querer compartir y embellecer el mundo pensando en los demás, es un verdadero llamado a la luz.
¿Pero que pueden entregar los presos, los condenados habitantes de la boca del lobo?
Lo aparentemente poco que tienen está encerrado, y la posibilidad de “enamorarse de dar” parece remota. Ni recibir ni dar, en eso consiste estar preso.
Pero basta ponerse a pensar un rato, para comprender que la cárcel está llena de emociones humanas que tal vez habitan silenciosamente en nosotros, pero que en quienes están presos encarnaron en delitos. Por eso ellos tienen mucho que dar.

Pueden dar todo eso que no tuvieron, por ejemplo.
Veríamos como tantas veces el mal que han causado, es producto del mal anterior que han recibido.

Hay hombres, que a pesar de haber tenido una vida sin carencias, se fueron desviando, anulando, atentaron contra ellos mismos y terminaron perdiendo casi todo. Ellos nos pueden regalar la tenue línea divisoria que conduce del cielo que no vemos, al infierno que está al acecho.

Hay también quienes nos pueden regalar el tremendo peso de un instante, ese que fue la culminación de un impulso que dio un giro violento a sus vidas, y a la vida de otros.
Algunos nos pueden regalar el camino ya andado de una ambición sin límites, y la tristeza del camino de regreso.

Todos ellos, desde la aridez de la cárcel, nos pueden devolver el valor sagrado de una rama de pino, o de un café a media mañana.

Leemos

Oración de San Francisco de Asis
Haz de mí, Señor, un instrumento de tu paz.
Que donde haya odio, ponga yo amor;
donde haya ofensa perdón;
donde haya discordia, ponga unión;
donde haya error, ponga verdad;
donde haya duda, ponga confianza;
donde haya desesperación, ponga esperanza;
donde haya tinieblas, ponga luz
y donde haya tristeza, ponga yo alegría.
Haz, en fin, Señor, que no me empeñe tanto
en ser consolado como en consolar;
en ser comprendido, como en comprender;
en ser amado, como en amar.
Porque dando se recibe, olvidando es como se encuentra, perdonando se es perdonado y muriendo se resucita
a la vida que no tiene fin


Porque, como los presos saben de guerras, pueden ser instrumento de paz. También pueden ser luz, porque conocen la espantosa oscuridad de las noches sin dormir, pueden ser esperanza, porque porfiadamente la cultivan a diario
Sus vidas, muchas veces incomprensibles para nosotros, pueden llegar a ser una reserva de sabiduría. Para convertirse en eso, deben pasar primero por el tamiz de la reflexión. Es en ese sentir, pensar, reordenar, que surge la nueva comprensión que nos regalan en sus poemas.
Desde un sencillo taller de poesía al interior de la cárcel, parten para ustedes cada semana un par de versos de regalo.

Antes que lean el próximo texto quiero contarles que Manuel, su autor, lleva 33 años preso. La acumulación de penas lo ha llevado a pasar la mayor parte de su vida en prisión. Aprendió a leer a los 22 años y ya no paró más. Gracias a la lectura se ha convertido en un hombre sabio. Aprendió a dominar su carácter fuerte y a volcar esa fuerza y su inteligencia, en un infatigable trabajo de crecimiento interior. Está convencido que no hay cambio posible si no viene precedido de un cambio en lo profundo de nuestro ser.




“Haz de mi un instrumento de tu paz, donde haya odio ponga yo amor, donde haya ira ponga yo el perdón”.

Toda mi vida he estado en riña con mi espíritu, no me gustan las injusticias, sin embargo he sido muy injusto. Pero llega un día a mi vida algo que se llama conciencia, no llega sola, ni por azar, llega a través de la lectura, preferentemente de la Biblia, y por el poder del espíritu reflexivo. En mi alma comienza una guerra de conflictos muy difíciles de interpretar, vivo durante meses con mi alma inquieta por buscar la verdadera razón de mi pobre y tormentosa vida; fueron tiempos de lucha con ideales filosóficos de un bandido criado en el rigor de la calle, se vivía como hombre siendo niño y no había lugar para llevar recuerdos. La última vez que lloré tenía siete años y me habían golpeado otros chicos de mi edad, llega un ladrón viejo y me golpea muy fuerte, diciéndome que los hombres no lloran, que el llanto es solo de las mujeres.

Nunca más mis ojos derramaron lágrimas, ya era un hombre, un pequeño hombre.

Así crecí, con la ley de la calle y el dolor del silencio de un niño sin destino.

Bueno, decía que la conciencia no llega sola y gracias a la razón de ella me pude dar cuenta que toda mi triste vida había sido un cúmulo de errores y grandes injusticias cometidas en contra de mi prójimo, me di cuenta que no era hombre de bien, era hombre por ignorancia: ¡era la vida que me había tocado vivir”, y es muy doloroso el comprender del por que de mis ojos no caían lágrimas. Creo que siempre fue mi alma la que lloraba, de esto no me daba cuenta porque el concepto de hombre estaba equivocado y solo así descubrí que podía llorar en el silencio de mi alma.

Hoy soy todo un hombre, siento el dolor de muchos, siento las penas y fracasos de todos aquellos que no tienen voz para gritar, conozco el carácter de todos con aquellos que veo llegar, creo que Dios me regaló un don que se llama “empatía”, primero me conozco y me comprendo, luego entiendo todas mis debilidades y comprendo en forma perfecta que no soy mejor que mi prójimo y solo esto me ha hecho mejor persona, porque comprendo mejor la vida y como resumen a estas reflexiones, lo único y bello que puedo decir.

Es más bello amar y darlo todo por el otro, no espero ser pagado de igual forma, solo puedo sentir la gracia de Dios en mi alma. “Dar hasta que duela” decía el Padre Hurtado, estas palabras reflejan al hombre en plenitud, están llenas de amor, comprensión, caridad y sabiduría. Creo que todo tiene su recompensa y Dios a cada cual le da lo que se merece. En lo personal me ha dado el don de comprender al prójimo y también me ha bendecido con el don de la paciencia, es por esta razón que cada día me esfuerzo por ser mejor persona y estoy siempre seguro de escuchar al otro y dar un consejo. Creo que por fin soy un hombre de verdad

Manuel

“La desesperanza debe durar tan solo un suspiro”
(del libro “Conversaciones con Dios”)






Tarea para la celda:
Tomar una frase de la Oración de San Francisco de Asis y hablar de ella.

Es difícil para mí sacar una frase de esta oración, por mi condición de ser una persona que ha transgredido las normas éticas de nuestra sociedad, y esta oración solo habla de llevar lo contrario a lo que uno ha sembrado durante su vida.

Ojala todos en nuestra vida fuéramos un INSTRUMENTO DE PAZ, pero no me siento merecedor de esa frase, ya que, aún que el daño que yo hice en mis delitos fueron daños materiales, igualmente entorpecí esa paz que yo podría haber entregado a otros a lo largo de mi vida, a mis padres, hermanos, pareja e hijos. Yo quebranté en ellos el regocijo de la paz.
A lo largo de mi vida, yo creo que he sido odio, ofensa, discordia, duda, error, desesperación y tinieblas. Ojala pudiera yo llevar la Paz, el Amor, el Perdón, la Unión, la Fe, la Verdad, la Alegría y la Luz, pero hay que reconocer que ya es tarde, porque se ha perdido la credibilidad en mi.

A mi me encantaría ser un poco Robin Hood, pero no en cosas materiales sino que llevando a los otros todas esas virtudes valóricas que hacen tener una paz tan grande.

La Oración en toda su extensión es muy hermosa, y quizás en ella vemos reflejada la imagen de San Alberto Hurtado y Santa Teresita de los Andes y quizás muchos otros santos y personas vivas que son y han sido toda su vida bondadosos y preocupados más del prójimo que de si mismos.
La enseñanza que me deja esta oración es eso: la preocupación extrema por los otros antes que uno mismo. Sinceramente y sin ser más papista que el Papa: “algún día lleve yo la paz”.

Bernardo




Yo tengo ganas de ser bueno, siempre me he preguntado como será ser bueno y que a uno lo respeten por bueno. Yo no conocía la oración de San Francisco y me gustó porque el hombre es valiente y se atreve a dar todo por los demás.
Porque para ser ladrón hay que ser valiente pero menos valiente que para ser bueno. Yo pienso en que “donde haya tinieblas ponga yo la luz” es lo más lindo de la oración, porque cuando tengo mi corazón oscuro sufro mucho y si viera una luz no tendría miedo. Con el corazón oscuro uno no ve y tampoco siente lo que hace, por eso puede delinquir.

Sergio

1 comentario:

  1. Anónimo12:31

    querido hermano sergio ,el mundo no te condena, te perdona y te entiende corazon ,tu ya has pagado tus errores y nadie te puede juzgar ,para eso estan los juezes al comtrario de lo que tu puedas pensar eres un ejemplo para los demas ,y una vellisima persona

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