sábado, 26 de enero de 2008

CADA MARTES HAY ALGUIEN EN SILENCIO QUE PIDE PERDÓN

"Gracias a la Vida" canta Violeta Parra
"Murió mi eternidad y estoy velándola", escibe Vallejos.
La Vida y la Muerte.
Tenemos el poder de engendrar vida, pero poseemos el oscuro poder de destruirla.
Construimos y derrumbamos mundos, podemos labrar con trabajo y paciencia nuestras vidas, y podemos pulverizarlas, matando el proyecto de otros o el propio proyecto. Sería más fácil ser abeja, cuyo sentido de vida está en la miel, pero no...tenemos que vérnoslas con la libertad y lidiar con ella.

Quienes están en la cárcel, (salvo el porcentaje de inocentes que sufre en todas las cárceles del mundo), son infractores de la ley.
Están ahí porque han construído y operado en espacios desde los cuales han causado daño. En algunos casos el horroroso e irreversible daño del homicidio.

Siempre que traspaso el umbral de la cárcel, voy pensando que detrás de la historia de cada persona encarcelada, está la historia de las víctimas. Es una historia que desconozco y que con seguridad no alcanzo siquiera a vislumbrar.
Muchas víctimas, o sus familiares, estarán sufriendo el otro encierro, el que surge del dolor y de la impotencia, y tienen su pobre corazón agujereado, hecho pedazos.

Seguramente entre quienes leen este artículo, hay personas cuyas vidas han dado un vuelco inesperado y cruel producto de un crimen.
A ellos quiero decirles que no se qué me puso en el lugar que me puso, no se porqué llegué a acompañar y a apreciar a hombres que han cometído toda suerte de delitos. Lo que si he ido percibiendo, es que lentamente, a través de la lectura, las conversaciones, la reflexión, los presos se han ido acercado a la dimensión sagrada e irrepetible de cada ser humano, y han ido tomando conciencia del tamaño de la falta. Esta comprensión ha sido sumamente dolorosa para quienes aún no habían reflexionado acerca de las consecuencias de su delito.

Carlos mató a un carabinero en un asalto. Lleva nueve años preso y está condenado a cadena perpetua. Quiere escribirle una carta a los hijos del carabinero muerto. Sabe que el daño causado a esos niños es innombrable, ha buscado palabras, pero no ha encontrado ninguna que pueda albergar sus sentimientos y los sentimientos de esos niños. Es que él también creció sin padre, y cuando a su padre lo mataron, él no pudo encontrar las palabras.



EXTRACTO DEL DISCURSO DE NAVIDAD DE ALFREDO C.

"Desdibujamos nuestro trunco andar de infractores de ley en lo Humano y lo Divino, emprendimos un andar pausado, como volcán andino.

¡No crean que ha sido fácil! ¡NO! ¡claro que no! Hemos llorado en silencio junto al viento del ocaso.
Escribir un verso de perdón a quien mataste, es igual a revolver entrañas con fino acero de oriente, comulgar con nuestro delito también cicatriza heridas en tiempos roídos por las rejas."


ESCRIBIMOS

¿Por qué será que esa tarde levanté la mano?
¿Y qué en ese hombre que miraban mis ojos?
No reconocí parte de mi ser, de mis despojos…
No vi en sus gestos mis propios gestos desgastados
Y no bajamos alegres, borrachos y abrazados
a los últimos rayos de la luna, por esa escala del puerto.
Y mira, Señor, hoy los dos estamos muertos.
Y para mi la luna es la hoz que cercena mi garganta
Y para él la luna es una pobre gata blanca
Que se pasea de noche sobre su pecho.
Mírame a los ojos Señor, y explícame qué he hecho...







Cada martes hay alguien que en silecio pide perdón.

3 comentarios:

  1. fran fernández12:56

    Andrea me parece precioso y certero esto que dices. Me parece que Dios te puso ahí por tu enorme capacidad de empatía y de ver con ternura los dos lados de la moneda... es un Don

    Luego de mi ida a la cárcel pensé algo similar, el cuestionamiento sobre el dolor de las víctimas, y debo decir no he llegado a ningún lugar en este pensamiento, pues creo, cada sufrimiento es un eslabón de la cadena de sufrimiento de la humanidad entera. Es difícil marcar el comienzo y el fin porque también dentro de la cárcel hay muchos 'hijos de su historia' que no han conocido otra forma de actuar en la vida.

    en fin... sólo puedo darte ánimo para que continúes, porque me parece que pedir perdón en silencio, aunque no se encuentren las palabras, también es una forma de sanar el alma de quien ha cometido un crimen.

    con cariño
    Fran.

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  2. Anónimo14:19

    Fui víctima de un delito que cambió para siempre mi vida y la de mi familia. No puedo perdonar. Tu artículo, sin embargo, me hace reflexionar como todos perdemos cuando hay violaciones a la vida, a la honra, a la integridad física, al patrimonio de otras personas. Sufrimos las víctimas y nuestras familias, sufren quienes caen presos, y con seguridad sufren las familias de los presos.
    Impresionante el trabajo que están haciendo.

    Teresa Izquierdo

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  3. Anónimo00:49

    Andrea te felicito por la gran iniciativa de hacer estos talleres y por la dimensión de humanidad que le estas dando a los convictos. Ojala la sociedad y los candidatos comprendieran que en vez de hacer mas cárceles, hay que invertir en mejorar la formación de las personas, que es lo único que podrá resolver definitivamente el problema de la delincuencia y por cierto muchos otros. Pienso que la mayoría !!

    Cesar Masihy

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